La psicología carga con clichés visuales: cerebros, engranajes, tonos fríos y distantes. Alejandro necesitaba lo contrario: una identidad que transmitiera confianza y cercanía, que hiciera sentir a un paciente que ahí puede abrirse sin miedo.
El reto era comunicar escucha profesional sin caer en lo genérico ni en lo clínico.
Construimos un isotipo que une un rostro de perfil y un globo de conversación en una sola línea continua. Representa lo esencial de su trabajo: escuchar y ser escuchado.
La paleta equilibra un azul eléctrico que da seguridad con un coral cálido que humaniza. Nada de frialdad clínica: una marca profesional y humana a la vez.
Alejandro obtuvo una identidad completa y coherente: logo en todas sus versiones, paleta definida, papelería y una landing pensada para convertir. Desde su Instagram hasta su consultorio, todo comunica la misma idea: hablemos.